lunes, mayo 21, 2012




Gracias a Irene por permitirme usar una de sus grandísimas fotografías para ilustrar mi cuento. Para mí, y llevo mucho años en este mundo de la fotografía, una de las mejores fotógrafas del momento. 



EL ANHELO DEL VAMPIRO






    
  ¿ Qué  puede desear un vampiro más que la sangre de otros? ¿Qué oculta en lo más profundo de su ser que le hace ser aún más desgraciado y a la vez más despiadado?.
            A lo largo de su larga existencia, los vampiros atraviesan por momentos en que sus anhelos cambian de forma radical, pero lenta.
            En un principio, cuando se ven reducidos a la condición de no muertos sin apreciar debidamente lo que esto significa, ceden a la tentación irracional del hambre a la que tienen que saciar con instinto animal. Durante este tiempo deambulan por calles y lugares oscuros acechando, persiguiendo y cazando a sus víctimas de las cuáles incluso devoran parte de sus cuerpos. Carecen de poder de raciocinio y ceden noche tras noche a la tentación de la sangre convertidos en bestias salvajes  para las que el líquido vital se convierte en su único deseo y atacarán a cualquier ser que se les cruce en su camino, sea hombre, mujer, niños o incluso animales. Tampoco logran comprender exactamente su situación y no saben en qué se han convertido, no saben que su vida es sólo aparente y que carecen de cualquier tipo de motivación, salvo el ansia por la sangre, y cualquier sentimiento. En esta situación, actúan movidos por el instinto, y este les dice que durante el día deben permanecer ocultos y que deben buscar cobijo en suelo no santificado, que deben alejarse de cualquier signo que interprete la palabra del dios en el que creyeron en vida y que la noche es su aliada. No obstante, este es uno de los momentos más peligrosos en la “existencia” de los no muertos, pues son tantos los desmanes que comenten, que los hombres, tan llenos de miedos ocultos y supersticiones reaccionan como las ratas y cuando se ven acosados contraatacan. Y lo hacen buscando por los alrededores de las villas, por cementerios abandonados, cloacas o casas viejas. Es tal su perseverancia, que muy a menudo dan con la bestia y la cazan y exterminan con la saña propia del que ignora lo que está haciendo realmente. Pero el resultado es que los vampiros, acaban con sus cabezas cercenadas y echadas al fuego, con el cuerpo atravesado de estacas y lleno de ajos y sus huesos formando el signo sagrado del dios al que sirva el hombre en esa ocasión.
            Pocos no muertos logran pasar de esta época, y el hombre, ser superior de todas las criaturas que habitan el campo de batalla que ellos llaman Tierra, prevalece.
            Con el paso del tiempo, lo que han sobrevivido a todo esto, empiezan a comprender que ya no pertenecen al mundo de los vivos. Lentamente el raciocinio perdido empieza a aparecer y la realidad se les muestra con toda la crudeza. Es esta una época en que la caza de las víctimas va acompañada por gritos de repugnancia y desolación. Sonidos lastimeros y movimientos compulsivos, incluso vómitos de rechazo caracterizan al no muerto. En esta ocasión su único deseo es el de recobrar sus vidas, las cuales creen que pueden volver a recuperar. Saciar su hambre pasa a un segundo plano y sólo cuando se les hace inevitable, cazan y absorben la energía de la víctima. Víctima que por otra parte suele ser algún miembro familiar o conocido del entorno del vampiro pues en su anhelo por recuperar lo perdido, sus pasos se dirigen al hogar que los reconfortó en vida y allí con el desespero producido por el rechazo y el miedo, acosará durante varios días dicho lugar. Este es otro momento peligroso para los no muertos, pues no sólo se verán acosados y rechazados por sus antiguos familiares y amigos, sino que un sentimiento contradictorio les impulsará a la autoinmolación. Y a decir verdad, los que se suicidan, lo hacen venciendo el instinto primario de autoprotección que todo animal salvaje (pues aún se parece a esto) posee, pero que parece les permite recobrar su espíritu perdido y cierto atisbo de esperanza mientras contemplan su último amanecer.
            Más tarde, el tiempo, que da y quita, les hará ver lo que son en realidad. Este momento significa para el no muerto, la confirmación de sus sospechas y la aceptación de su condición. Sabe que es un señor de la noche, un demonio elegido por el diablo para que le sirva. Es un tiempo en el que empieza a pensar los pros y los contras de su situación. Empieza a medir y a aprovechar las horas de las que dispone para cazar y empieza también a elaborar estrategias de caza. Ya no se considera un hombre, sino su enemigo, con el que luchará por la supremacía en la Tierra y al que cazará con entusiasmo y diversión. Tratará de propagar plagas y males y también procurará ganar adeptos sin pensar demasiado si es conveniente o no. Para ello, todas las víctimas serán sangradas prácticamente hasta la muerte, pero con el último latido de su corazón, el no muerto, en un beso largo y pronunciado devolverá la sangre a este mezclada con la suya propia y su saliva. Su único deseo prioritario en esta etapa es la propagación del mal que le aqueja. Aprende a sortear los peligros y se vuelve más peligroso que nunca para el ser humano.
            El tiempo una vez más le hará ver que dispone de toda una eternidad para llevar a cabo sus planes. Ya es consciente de su inmortalidad y aprende a utilizar sus poderes. Puede convocar tormentas y vientos, convertirse en niebla o en cualquier animal que le parezca. También puede volar, pero lo hará en forma de murciélago y al igual que éste (por el que siente admiración) aprenderá a colgarse de vigas o tejados para dormir durante el día. En esta época ansía el poder. Por ello, se convierte en líder de pequeños grupos vampirizados por él y aleccionará a sus huestes para que propaguen su mal. Organizará aquelarres y sacrificios humanos en nombre de su señor. No obstante es consciente de que el hombre lo persigue y buscará refugios muy apartados de las villas o pueblos y vagará por la tierra como jauría de lobos con sus seguidores. Los que alcanzan este nivel suelen ser muy pocos, pero disponen de tiempo y lo saben.
            Luego, esta euforia, da paso a una nostalgia y melancolía que lo sumen en un estado de irritabilidad y rabia. En su ser, prevalecen algunas huellas de lo que fue en un tiempo y como cualquier ser humano ansía para sí una compañera ó compañero pues necesita compartir con alguien ese poder y sabiduría. Se siente sólo. Iniciará por lo tanto una búsqueda prioritaria de ese alguien que alivie su pena. No se tratará del primero que se le cruce en su camino. Perseguirá para ello a su víctima durante mucho tiempo, observándola, expiándola, tratando de encontrar rasgos en ella que le recuerden a él mismo, busca un alma gemela que le permita ver el paso de la eternidad y que tranquilice su espíritu. Tendrá que vivir con este compañero/ra todas las etapas por las que él pasó con la diferencia que cuidará de este y hará que todo le resulte más fácil de superar.
            Ya tiene una edad muy superior a la de cualquier ser humano viejo. Cuando ha saciado el ansía de buscar un compañero, ve que necesita mostrarle a este nuevas cosas, pues es su protector y lo ama por encima de todas las cosas. Inicia por lo tanto una época en la que viajará y tratará de adquirir todos los conocimientos inherentes a seres humanos y vampiros. Estudiará la historia, la geografía, la religión (aprenderá a combatir sus signos), la filosofía etc. Anhela la sabiduría. También buscará acomodo en las ciudades. Aprende que su condición de demonio no es incompatible con la vida junto al ser humano, y se mezclará con este tratando de enriquecerse y de adquirir propiedades. Con la experiencia contraída,  lo logrará. No obstante el amor que pueda sentir un vampiro por otro ser, no es el propio del de los seres humanos. El del vampiro es básicamente cuando se trata de procesarle su amor a otro como él, de una continuación de sí mismo, como el del creador y su obra, que puede llegar a ser obsesiva. Esto hace que el tiempo, una vez más, acabe por separar a ambas criaturas, sobre todo por el anhelo del amado de “crear” su propio amor. Cuando se trata del amor del vampiro por un ser humano, no es más que envidia por la vitalidad especial de la víctima, que lo obliga a vampirizarla cuanto antes. Si esto ocurre, la presa, pasará a ser amada como otro vampiro más.
            Con el paso del tiempo y habiendo logrado sobrevivir tantos años y habiendo logrado satisfacer prácticamente todas sus ansias, el no muerto necesita de nuevos retos, sin que cambien sus anhelos, pues ninguno desaparece una vez satisfechos.
            Con los años transcurridos y todo lo aprendido, se da cuenta que en realidad, los seres como él no han sido creados para “sobrevivir” tanto tiempo. Como cualquier otro demonio tiene una misión, que es la de hacer el mayor mal posible al hombre y al dios que este adore, pero esto con el paso del tiempo, sin perderse, pasa a un segundo plano como tantos otros anhelos. Tratará de hablar con su amo y señor, del que no obtendrá respuesta y del que se distanciará. Sólo entonces comprenderá que lleva una eternidad sólo, formando parte de una lucha que tiene perdida, pues a diferencia de los vampiros, el hombre ha poblado cada rincón del mundo, mientras que los no muertos están  prácticamente extinguidos. Los intentos por crear ejércitos de seres como él fracasan
continuamente y no llega a conocer a otros tan antiguos como él.
            Siempre irá acompañado de un ser amado, pero cada vez le importará menos su compañía.
Entonces, se sentirá cansado y anhelará la paz interior. No sabe donde buscarla, pues su mundo, es oscuro y limitado. Frecuentará la compañía del hombre con más asiduidad para encontrar respuestas, para llenar un espíritu vacío hace siglos. Es una etapa en la que incluso sentirá simpatía por los hombres, pero esa simpatía le impulsa a convertirlos en seres como él. Se sentirá por ello maldito y desdichado pues siente que ha perdido la guerra y que no hay lugar en el mundo de los hombres para él. Su soledad es evidente, una soledad que dura cientos de años, una soledad que poco a poco le hará perder la razón. Es entonces cuando piensa en el SOL. Sí, la luz que emana de él, la calidez de sus rayos en el contacto con su piel. A lo largo de los años, ha tenido muchos anhelos y todos han sido satisfechos, pero volver a contemplar el astro rey, sentirlo, ver el color de las cosas a plena luz y ver las formas definidas de estas, contemplar el mar, el cielo, que siempre se han mostrados oscuros  y observar tantas y tantas cosas a plena luz solar, se convierte en el anhelo imposible del maldito, se convierte en la única respuesta para su espíritu. Y es un deseo que no podrá jamás cumplir, pues ello significaría el fin. El “suicidio” no entra en sus planes, pues no ha “vivido” tanto tiempo  (su instinto de conservación es muy superior al de cualquier otro ser) para poner fin a su existencia de una manera tan poco digna. Buscará soluciones. Y algunas de ellas serán sumamente dolorosas. Retrasará su hora de descanso paulatinamente para acostumbrase e la luz poco a poco, pero todos sus intentos serán rechazados y sufrirá las quemaduras que el disco solar le infringe . ¿Acaso el dios de los hombres existe aún para que uno de sus signos (el sol) lo rechace con tanta fuerza?. Sus preguntas no tendrán respuesta.
Transcurrirán los años y el vampiro se sentirá sojuzgado, abandonado, triste, vencido. Sin embargo todos esto sentimientos difieren del de los hombres en que están basados en un ansia de conquista y en la frustración de la derrota, no hay nada de altruismo, de sinceridad, de fraternidad... y siempre prevalece el instinto primario de la conservación, por lo que después de ser rechazado por el hombre al que incluso recurrirá para pedirle ayuda, se volverá muy inestable con cambios de humor repentinos y se tornará más implacable en sus correrías. Su deseo de venganza es muy fuerte y tratará de hacerse un espacio en el mundo, un espacio donde él sea el dios único, para lo que vencerá a algunos humanos en alguna aldea lejana y perdida y los someterá para que lo adoren. De esta forma, creerá que puede llegar a lograr uno de sus viejos deseos, conquistar al ser humano.
            Pero el Sol, siempre estará el Sol, para decirle que es una criatura del infierno y que jamás caminará por el mundo como un ser digno.
Yo lo sé...

2 comentarios:

toni vizcaino dijo...

Relato bien estructurado y muy descriptivo de la supuesta vida de un vampiro no muerto. Me ha fallado algo el final, aunque en esencia creo captar la idea de que por mucho poder que tenga con el paso de los años, siempre tendrá un talón de Aquiles que es el sol, pero yo no lo hubiera destacado como un ser impío, sino como algo imperfecto dentro de su estructura de ser mítico y cuasi invencible. Quizás el sol no lo mata por impío, sino por una cuestión física, que su cuerpo no cataliza bien los rayos de sol y por ello peligra su vida. Si como bien dices en el relato, nunca llega a conocer a su señor diabólico, entonces no veo razón para que su vida sea una condena de misterio demoníaco. En fin, es una opinión, por lo demás me ha gustado.

akfoto dijo...

Bueno, eso que planteas sería otra historia. El vampiro es un ser demoníaco por definición, condenado al ostracismo de la no vida para atormentar a los vivos y perpetuar el mal. Buscar explicaciones cientificas, es quitarle buena parte del romaticismo trágico que conlleva el vampirismo.
Un ejemplo para mi claro y contundente sobre esto fue la gran cagada de la explicación de lo que era la FUERZA en Star Wars con lo micloridianos, no crees?