Gracias a Irene por permitirme usar una de sus grandísimas fotografías para ilustrar mi cuento. Para mí, y llevo mucho años en este mundo de la fotografía, una de las mejores fotógrafas del momento.
EL ANHELO DEL VAMPIRO
¿ Qué puede desear un vampiro más que la sangre de otros? ¿Qué oculta en lo más profundo de su ser que le hace ser aún más desgraciado y a la vez más despiadado?.
A lo largo de su larga existencia,
los vampiros atraviesan por momentos en que sus anhelos cambian de forma
radical, pero lenta.
En un principio, cuando se ven
reducidos a la condición de no muertos sin apreciar debidamente lo que esto
significa, ceden a la tentación irracional del hambre a la que tienen que
saciar con instinto animal. Durante este tiempo deambulan por calles y lugares
oscuros acechando, persiguiendo y cazando a sus víctimas de las cuáles incluso
devoran parte de sus cuerpos. Carecen de poder de raciocinio y ceden noche tras
noche a la tentación de la sangre convertidos en bestias salvajes para las que el líquido vital se convierte en
su único deseo y atacarán a cualquier ser que se les cruce en su camino, sea
hombre, mujer, niños o incluso animales. Tampoco logran comprender exactamente
su situación y no saben en qué se han convertido, no saben que su vida es sólo
aparente y que carecen de cualquier tipo de motivación, salvo el ansia por la
sangre, y cualquier sentimiento. En esta situación, actúan movidos por el
instinto, y este les dice que durante el día deben permanecer ocultos y que
deben buscar cobijo en suelo no santificado, que deben alejarse de cualquier
signo que interprete la palabra del dios en el que creyeron en vida y que la
noche es su aliada. No obstante, este es uno de los momentos más peligrosos en
la “existencia” de los no muertos, pues son tantos los desmanes que comenten,
que los hombres, tan llenos de miedos ocultos y supersticiones reaccionan como
las ratas y cuando se ven acosados contraatacan. Y lo hacen buscando por los
alrededores de las villas, por cementerios abandonados, cloacas o casas viejas.
Es tal su perseverancia, que muy a menudo dan con la bestia y la cazan y
exterminan con la saña propia del que ignora lo que está haciendo realmente.
Pero el resultado es que los vampiros, acaban con sus cabezas cercenadas y
echadas al fuego, con el cuerpo atravesado de estacas y lleno de ajos y sus
huesos formando el signo sagrado del dios al que sirva el hombre en esa
ocasión.
Pocos no muertos logran pasar de
esta época, y el hombre, ser superior de todas las criaturas que habitan el
campo de batalla que ellos llaman Tierra, prevalece.
Con el paso del tiempo, lo que han
sobrevivido a todo esto, empiezan a comprender que ya no pertenecen al mundo de
los vivos. Lentamente el raciocinio perdido empieza a aparecer y la realidad se
les muestra con toda la crudeza. Es esta una época en que la caza de las
víctimas va acompañada por gritos de repugnancia y desolación. Sonidos
lastimeros y movimientos compulsivos, incluso vómitos de rechazo caracterizan
al no muerto. En esta ocasión su único deseo es el de recobrar sus vidas, las
cuales creen que pueden volver a recuperar. Saciar su hambre pasa a un segundo
plano y sólo cuando se les hace inevitable, cazan y absorben la energía de la
víctima. Víctima que por otra parte suele ser algún miembro familiar o conocido
del entorno del vampiro pues en su anhelo por recuperar lo perdido, sus pasos
se dirigen al hogar que los reconfortó en vida y allí con el desespero
producido por el rechazo y el miedo, acosará durante varios días dicho lugar.
Este es otro momento peligroso para los no muertos, pues no sólo se verán
acosados y rechazados por sus antiguos familiares y amigos, sino que un
sentimiento contradictorio les impulsará a la autoinmolación. Y a decir verdad,
los que se suicidan, lo hacen venciendo el instinto primario de autoprotección
que todo animal salvaje (pues aún se parece a esto) posee, pero que parece les
permite recobrar su espíritu perdido y cierto atisbo de esperanza mientras
contemplan su último amanecer.
Más tarde, el tiempo, que da y
quita, les hará ver lo que son en realidad. Este momento significa para el no
muerto, la confirmación de sus sospechas y la aceptación de su condición. Sabe
que es un señor de la noche, un demonio elegido por el diablo para que le
sirva. Es un tiempo en el que empieza a pensar los pros y los contras de su
situación. Empieza a medir y a aprovechar las horas de las que dispone para
cazar y empieza también a elaborar estrategias de caza. Ya no se considera un
hombre, sino su enemigo, con el que luchará por la supremacía en la Tierra y al
que cazará con entusiasmo y diversión. Tratará de propagar plagas y males y
también procurará ganar adeptos sin pensar demasiado si es conveniente o no.
Para ello, todas las víctimas serán sangradas prácticamente hasta la muerte,
pero con el último latido de su corazón, el no muerto, en un beso largo y
pronunciado devolverá la sangre a este mezclada con la suya propia y su saliva.
Su único deseo prioritario en esta etapa es la propagación del mal que le
aqueja. Aprende a sortear los peligros y se vuelve más peligroso que nunca para
el ser humano.
El tiempo una vez más le hará ver
que dispone de toda una eternidad para llevar a cabo sus planes. Ya es
consciente de su inmortalidad y aprende a utilizar sus poderes. Puede convocar
tormentas y vientos, convertirse en niebla o en cualquier animal que le
parezca. También puede volar, pero lo hará en forma de murciélago y al igual
que éste (por el que siente admiración) aprenderá a colgarse de vigas o tejados
para dormir durante el día. En esta época ansía el poder. Por ello, se
convierte en líder de pequeños grupos vampirizados por él y aleccionará a sus
huestes para que propaguen su mal. Organizará aquelarres y sacrificios humanos
en nombre de su señor. No obstante es consciente de que el hombre lo persigue y
buscará refugios muy apartados de las villas o pueblos y vagará por la tierra
como jauría de lobos con sus seguidores. Los que alcanzan este nivel suelen ser
muy pocos, pero disponen de tiempo y lo saben.
Luego, esta euforia, da paso a una
nostalgia y melancolía que lo sumen en un estado de irritabilidad y rabia. En
su ser, prevalecen algunas huellas de lo que fue en un tiempo y como cualquier
ser humano ansía para sí una compañera ó compañero pues necesita compartir con
alguien ese poder y sabiduría. Se siente sólo. Iniciará por lo tanto una
búsqueda prioritaria de ese alguien que alivie su pena. No se tratará del
primero que se le cruce en su camino. Perseguirá para ello a su víctima durante
mucho tiempo, observándola, expiándola, tratando de encontrar rasgos en ella
que le recuerden a él mismo, busca un alma gemela que le permita ver el paso de
la eternidad y que tranquilice su espíritu. Tendrá que vivir con este
compañero/ra todas las etapas por las que él pasó con la diferencia que cuidará
de este y hará que todo le resulte más fácil de superar.
Ya tiene una edad muy superior a la
de cualquier ser humano viejo. Cuando ha saciado el ansía de buscar un
compañero, ve que necesita mostrarle a este nuevas cosas, pues es su protector
y lo ama por encima de todas las cosas. Inicia por lo tanto una época en la que
viajará y tratará de adquirir todos los conocimientos inherentes a seres
humanos y vampiros. Estudiará la historia, la geografía, la religión (aprenderá
a combatir sus signos), la filosofía etc. Anhela la sabiduría. También buscará
acomodo en las ciudades. Aprende que su condición de demonio no es incompatible
con la vida junto al ser humano, y se mezclará con este tratando de enriquecerse
y de adquirir propiedades. Con la experiencia contraída, lo logrará. No obstante el amor que pueda
sentir un vampiro por otro ser, no es el propio del de los seres humanos. El
del vampiro es básicamente cuando se trata de procesarle su amor a otro como
él, de una continuación de sí mismo, como el del creador y su obra, que puede
llegar a ser obsesiva. Esto hace que el tiempo, una vez más, acabe por separar
a ambas criaturas, sobre todo por el anhelo del amado de “crear” su propio
amor. Cuando se trata del amor del vampiro por un ser humano, no es más que
envidia por la vitalidad especial de la víctima, que lo obliga a vampirizarla
cuanto antes. Si esto ocurre, la presa, pasará a ser amada como otro vampiro
más.
Con el paso del tiempo y habiendo
logrado sobrevivir tantos años y habiendo logrado satisfacer prácticamente
todas sus ansias, el no muerto necesita de nuevos retos, sin que cambien sus
anhelos, pues ninguno desaparece una vez satisfechos.
Con los años transcurridos y todo lo
aprendido, se da cuenta que en realidad, los seres como él no han sido creados
para “sobrevivir” tanto tiempo. Como cualquier otro demonio tiene una misión,
que es la de hacer el mayor mal posible al hombre y al dios que este adore,
pero esto con el paso del tiempo, sin perderse, pasa a un segundo plano como
tantos otros anhelos. Tratará de hablar con su amo y señor, del que no obtendrá
respuesta y del que se distanciará. Sólo entonces comprenderá que lleva una
eternidad sólo, formando parte de una lucha que tiene perdida, pues a
diferencia de los vampiros, el hombre ha poblado cada rincón del mundo,
mientras que los no muertos están
prácticamente extinguidos. Los intentos por crear ejércitos de seres
como él fracasan
continuamente
y no llega a conocer a otros tan antiguos como él.
Siempre irá acompañado de un ser
amado, pero cada vez le importará menos su compañía.
Entonces,
se sentirá cansado y anhelará la paz interior. No sabe donde buscarla, pues su
mundo, es oscuro y limitado. Frecuentará la compañía del hombre con más
asiduidad para encontrar respuestas, para llenar un espíritu vacío hace siglos.
Es una etapa en la que incluso sentirá simpatía por los hombres, pero esa
simpatía le impulsa a convertirlos en seres como él. Se sentirá por ello
maldito y desdichado pues siente que ha perdido la guerra y que no hay lugar en
el mundo de los hombres para él. Su soledad es evidente, una soledad que dura
cientos de años, una soledad que poco a poco le hará perder la razón. Es
entonces cuando piensa en el SOL. Sí, la luz que emana de él, la calidez de sus
rayos en el contacto con su piel. A lo largo de los años, ha tenido muchos
anhelos y todos han sido satisfechos, pero volver a contemplar el astro rey,
sentirlo, ver el color de las cosas a plena luz y ver las formas definidas de
estas, contemplar el mar, el cielo, que siempre se han mostrados oscuros y observar tantas y tantas cosas a plena luz
solar, se convierte en el anhelo imposible del maldito, se convierte en la
única respuesta para su espíritu. Y es un deseo que no podrá jamás cumplir,
pues ello significaría el fin. El “suicidio” no entra en sus planes, pues no ha
“vivido” tanto tiempo (su instinto de
conservación es muy superior al de cualquier otro ser) para poner fin a su
existencia de una manera tan poco digna. Buscará soluciones. Y algunas de ellas
serán sumamente dolorosas. Retrasará su hora de descanso paulatinamente para
acostumbrase e la luz poco a poco, pero todos sus intentos serán rechazados y
sufrirá las quemaduras que el disco solar le infringe . ¿Acaso el dios de los
hombres existe aún para que uno de sus signos (el sol) lo rechace con tanta
fuerza?. Sus preguntas no tendrán respuesta.
Transcurrirán
los años y el vampiro se sentirá sojuzgado, abandonado, triste, vencido. Sin
embargo todos esto sentimientos difieren del de los hombres en que están
basados en un ansia de conquista y en la frustración de la derrota, no hay nada
de altruismo, de sinceridad, de fraternidad... y siempre prevalece el instinto
primario de la conservación, por lo que después de ser rechazado por el hombre
al que incluso recurrirá para pedirle ayuda, se volverá muy inestable con
cambios de humor repentinos y se tornará más implacable en sus correrías. Su
deseo de venganza es muy fuerte y tratará de hacerse un espacio en el mundo, un
espacio donde él sea el dios único, para lo que vencerá a algunos humanos en
alguna aldea lejana y perdida y los someterá para que lo adoren. De esta forma,
creerá que puede llegar a lograr uno de sus viejos deseos, conquistar al ser
humano.
Pero el Sol, siempre estará el Sol,
para decirle que es una criatura del infierno y que jamás caminará por el mundo
como un ser digno.
Yo
lo sé...

2 comentarios:
Relato bien estructurado y muy descriptivo de la supuesta vida de un vampiro no muerto. Me ha fallado algo el final, aunque en esencia creo captar la idea de que por mucho poder que tenga con el paso de los años, siempre tendrá un talón de Aquiles que es el sol, pero yo no lo hubiera destacado como un ser impío, sino como algo imperfecto dentro de su estructura de ser mítico y cuasi invencible. Quizás el sol no lo mata por impío, sino por una cuestión física, que su cuerpo no cataliza bien los rayos de sol y por ello peligra su vida. Si como bien dices en el relato, nunca llega a conocer a su señor diabólico, entonces no veo razón para que su vida sea una condena de misterio demoníaco. En fin, es una opinión, por lo demás me ha gustado.
Bueno, eso que planteas sería otra historia. El vampiro es un ser demoníaco por definición, condenado al ostracismo de la no vida para atormentar a los vivos y perpetuar el mal. Buscar explicaciones cientificas, es quitarle buena parte del romaticismo trágico que conlleva el vampirismo.
Un ejemplo para mi claro y contundente sobre esto fue la gran cagada de la explicación de lo que era la FUERZA en Star Wars con lo micloridianos, no crees?
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