El Adiós de Antonio Cuenca
MI MADRE HA MUERTO
Al
principio murió mi padre.
La familia se reunió alrededor de mi madre.
Nuestros corazones acongojados, se vieron arropados por su cariño. Fue la más
fuerte de todos. Una parte de ella murió aquel día, pero tenía muchas más por
las que vivir.
Algunos
pensamos que ya nada sería igual. Con mi padre se iba la seguridad y la
protección y también el respeto por las ideas a veces no compartidas.
Con
el paso del tiempo, no me di cuenta de lo mucho que supuso su pérdida. En mi
estupidez, lo dejé marchar sin decirle lo mucho que lo quería y respetaba. Por
aquél tiempo representaba una barrera para mí, una barrera que estaba dispuesto
a saltar. Y las consecuencias no importaban.
Con
mi madurez, un sentimiento de culpa se adueñó de mí y al final de todo, mi
corazón lloró y pidió perdón. Amé
con más profundidad a mi padre y me esforcé por recordar todo lo que él trató
de enseñarme.
Con
el paso de los años estuve en paz con el tiempo y los recuerdos.
La
muerte de mi padre también sirvió para otro propósito. Ame mucho más a mi
madre.
La
observaba con detenimiento. Sus movimientos, su forma de vestir, su forma de
expresarse, su forma de querernos…
Con
la muerte de mi padre, su pelo se volvió más blanco y sus arrugas, benditas
arrugas, lejos de afearla hicieron que sus facciones y expresiones resultaran cálidas
y dulces.
El
tiempo la elevó de madre a abuela, la abuelita para unos y yaya para otros. Mi
madre se convirtió en muchas madres a la vez. Y su mirada tierna y carácter
apacible, impregnaban el aire que respirábamos.
Supo
tomar las decisiones oportunas en el momento adecuado con el aplomo y la
seguridad de hacer lo correcto y saber que su marido las hubiera tomado de
igual forma. Incluso nos llegó a transmitir con más energía si cabe, aquella
seguridad que mi padre transmitía de forma natural. Supo ser madre, pero
también supo ser el padre que nos faltó antes de tiempo.
No
tuvo un reproche para él y si muchos recuerdos. Lo amó sin límites. Y cuando mi
padre faltó supo guardar su amor en un pequeño rincón de su corazón y allí lo
alimento y protegió hasta el fin de sus días.
Mi
madre no era perfecta, que más da, a mí me lo pareció siempre. Nos arropó
cuando teníamos frío, estábamos enfermos o medió sin tomar partido en las
disputas fraternales que a menudo amenazaban la unidad por la que tanto ella
como mi padre pelearon. Siempre echarás a faltar a tus hermanos si no los
tienes cerca, por los motivos que sean. La familia es la familia. Eso decían,
eso mantenía a mi madre con vida, si no, se hubiera dejado ir como una hoja al
viento. Peleó por ella, por él y por todos nosotros.
Hice
mi vida y mis hermanos las suyas. Me distancié de ellos, pero no de mi madre y
a ellos les pasó igual. Tener a nuestra madre a mano era tenernos unos a otros
cerca. Cuando hablábamos con ella, siempre era sobre la familia ¿Qué otra cosa
importaba?.
Mi
madre era el lazo, el nudo que nos mantenía unidos…
…Y
ahora Mi madre ha muerto…
Y
nuestros corazones volvieron a sentir la congoja que un tiempo atrás sintieron,
pero esta vez nadie había allí para arroparlos. Pero también habían más
corazones, algunos diminutos y otros más grandes, pero más acongojados si cabe
que los nuestros. Y fue en aquel momento, cuando la visión de aquellos rostros
infantiles llenos de lágrimas, hacían que mis lágrimas manaran sin recato,
cuando la visión y el recuerdo de mi padre, pero en especial de mi madre, hizo
que me las enjugara y atrajera hacia mí aquellas pequeñas almas. Y fue en aquél
momento cuando comprendí que mi madre seguía entre nosotros, en todos y cada
uno de mis hermanos, cuñados o nietos. La muerte ya no era la muerte, era la
enseñanza de la vida, un instrumento más para que los que quedábamos supiéramos
morir para reconducir a la siguiente generación y esta a su vez a la siguiente.
Aprendemos de lo que nos rodea, pero siempre nos queda la impronta de los que
no enseñaron a interpretar las cosas sin más interés que su amor a nosotros.
Mi Madre ha muerto…si…para hacer la vida más
completa.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario